viernes, 5 de noviembre de 2010

BI Business Intelligence en los hoteles

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¡Doctor ! ¡Me alegro de verlo! Extendió la mano, que el más viejo estrechó. Regístrate para votar Eran casi las doce y media de la noche en el reloj del salón de entrada, cuando salió del ascensor. Como siempre a esta hora, había mermado la entrada y salida de gente, pero todavía se veían bastantes personas, y los acordes de la música desde el «índigo Room» próximo, indicaba que la cena danzante estaba en su apogeo.  se volvió a la derecha, hacia la recepción, pero sólo había dado unos pasos cuando vio una figura obesa que se le aproximaba. Era el detective principal, a quien no, se le había encontrado horas antes. El rostro de fuertes maxilares del expolicía (años antes había servido sin destacarse en la fuerza de Malaga) se mostraba inexpresivo, aunque sus pequeños ojos de cerdo se movían de un lado a otro, observando lo que ocurría alrededor. Como siempre, lo acompañaba un olor rancio como torpedos sin disparar, llenaba el bolsillo superior de su chaqueta.

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